La virgen me dejó botada.
Con sus manos callidas y su boca ánica
me abrazó una vez y me dijo
"los labios son para quien los quiera,
y cuando alguien los quiera
vendré y nos alimentaremos".
La sangre, el hambre, el sueño,
y ella no viene.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario