viernes, 29 de enero de 2010

Con un hacha

A las 5 de la mañana despertábamos. Yo preparaba el desayuno.

Él a las seis limpio e impecable partía. A las seis limpio e impecable regresaba
y yo limpa e impecable lo recibía.

Así fue por muchos días.

Muchos.

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